Mo tiene un don que su hija Meggie todavía no conoce: cuando lee en voz alta, los personajes de los libros cobran vida, y por eso unos forasteros que aparecen y desaparecen lo llaman Lengua de Brujo. Una noche, uno de ellos se presenta en la casa, y Meggie siente que ese visitante es una amenaza para su padre. Los dos huyen al sur, a la casa de la tía Elinor, dueña de una biblioteca a la medida de alguien que vive entre libros.
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